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Adolescentes: un grupo meta particular

La adolescencia es una etapa necesaria por la que hemos de pasar para llegar a la edad adulta. Es un periodo que conlleva cambios e interrogantes y en el que los adolescentes cuentan con unas necesidades y características únicas: necesidad de pertenencia a un grupo y búsqueda de autonomía, deseo de ser tratados como adultos, aparición de nuevos centros de interés (las tecnologías, las relaciones con los amigos, las cuestiones sociales), atracción por la competición y gusto por los nuevos retos, entre otros.

Estas nuevas características en los estudiantes hacen que factores psicológicos y emocionales desempeñen un importante papel en el adolescente como sujeto del aprendizaje de una lengua extranjera. Aunque en esta etapa ya se percibe cierta pérdida de la asimilación lingüística inconsciente y de la capacidad para adquirir una lengua de forma intuitiva y se recurre, por tanto, a procesos conscientes y reflexivos a la hora de aprender una lengua extranjera, es el momento en que se alcanza una mayor madurez intelectual, se comienzan a estructurar pensamientos abstractos y a comprender el funcionamiento teórico de la lengua, circunstancia íntimamente unida al aprendizaje consciente de una lengua, lo que puede llevar consigo que el proceso de aprendizaje pueda resultar más sencillo e incluso más rápido que en etapas anteriores. En definitiva, es una etapa que permite que la adquisición de la lengua sea satisfactoria, aunque será necesario recurrir a otro tipo de procesos distintos a los realizados durante la infancia que desarrollen la autonomía del alumno (Miras Páez E. y M. Sancho Pascual, 2017).

Todos estos cambios se reflejan en una misma aula, donde encontramos estudiantes que se animan a conversar en la lengua meta activando los recursos que poseen e ignorando sus limitaciones, con otros que apenas muestran motivación y tienden a la distracción. Por lo tanto, es fundamental implementar un enfoque didáctico que no solo se dirija al aprendizaje de conocimientos lingüísticos, sino que responda a esas características de estudiantes cambiantes y que permita la participación de todos para que puedan practicar la lengua y, además, mantener la atención en clase.

¿Cómo proceder, entonces, con unos estudiantes que se aburren fácilmente de los temas que contienen la mayoría de los libros, que estudian lengua extranjera por obligación y que les interesa todo lo relacionado con lo audiovisual y las nuevas tecnologías? ¿Qué caracteriza su proceso de aprendizaje? ¿Qué debemos considerar a la hora de elegir un material con el que se sientan motivados en clase? Teniendo en cuenta las cuestiones anteriores, y como propone Isidoro Pisonero (2004), los materiales destinados a este grupo de edad deberían caracterizarse por lo siguiente:

El objetivo. La lengua no debe ser un objetivo en sí misma, es decir, la meta es que los estudiantes lleguen a comunicarse de manera correcta y fluida en la lengua meta, y que hagan un uso significativo de esta en interacciones similares a las de los hablantes en contextos naturales.

La programación. Es importante que las programaciones den prioridad a qué es lo que necesitan los estudiantes, cuáles son sus focos de interés, en qué contextos se desenvuelven, etc., es decir, una programación que recoja tanto sus situaciones de comunicación como sus necesidades y experiencias. El hecho de que el estudiante pueda decidir qué le interesa y qué objetivos pretende alcanzar le ayuda a comprometerse con su propio proceso de aprendizaje, a ser más autónomo y responsable de su formación.

En este sentido, la programación adecuada es aquella basada en tareas y destrezas comunicativas y no tanto en conceptos gramaticales. Comunicar implica interactuar de manera eficaz, marcar un objetivo y poner en marcha todos los recursos de los que se dispone.

Por otro lado, al integrarse la enseñanza de ELE en el sistema educativo reglado, permite incluir temas transversales (AICLE/CLIL: Aprendizaje Integrado de Contenidos y Lenguas Extranjeras) que pueden resultar mucho más motivadores cuando se trabajan en una lengua diferente a la materna, lo que hace que el aprendizaje sea más eficaz.

Los materiales. Deberían caracterizarse por contener lecciones cortas y con una progresión ágil; presentar temas de interés para el público meta; contar con imágenes atractivas; priorizar diferentes actividades que supongan un reto; y proponer tareas con resultados a medio plazo.

Las actividades. Es fundamental que el docente sea capaz de despertar y mantener la atención de los estudiantes, ya que su nivel de atención será equivalente al grado de interés y curiosidad que la actividad despierte en ellos. Precisamente por eso, es importante que las actividades sean comunicativas y significativas, que muestren un contexto real para el uso del idioma, y que se realicen poniendo en práctica la lengua meta. Esto permite fomentar la implicación de los estudiantes. Quienes se involucran en lo que hacen se sienten motivados para llevarlo a término.

Pero no solo eso, las actividades, además, deben tener en cuenta los diferentes estilos de aprendizaje, deben adaptarse a las capacidades de los estudiantes. En este sentido, se ha comprobado la eficacia de trabajar por proyectos colaborativos en los que es necesaria la cooperación de todos para realizar la tarea. De esta manera, cada uno pondrá en funcionamiento diferentes estrategias para realizar la comprensión, la mediación, la producción y la interacción, centrándose en el significado más que en la forma lingüística que le ayudarán a afianzar su aprendizaje. No debemos olvidar que aprendemos haciendo.

Estas dinámicas facilitarán el proceso de enseñanza-aprendizaje, ya que un buen ambiente de trabajo en el aula aumenta la motivación y favorece la integración, la cohesión grupal y la competencia comunicativa entre los estudiantes. Así les será más fácil comunicarse en español de forma autónoma haciendo un uso más cercano al uso real de la lengua meta.

Por otro lado, a la hora de pensar en diferentes actividades, debemos tener en cuenta todas aquellas cuestiones de interés global que atienden a la multiculturalidad y a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), aspecto que es fundamentar recoger en los manuales.

En definitiva, como sugiere Isidoro Pisonero y teniendo en consideración las directrices marcadas por el Consejo de Europa en el Marco común europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza y evaluación que considera al alumno adolescente miembro de una sociedad en la que tiene que llevar a cabo actividades, tareas, tanto lingüísticas como no lingüísticas en un contexto social que sobrepasa el espacio físico del aula, debemos apostar, en el proceso de enseñanza/aprendizaje de español, por lo siguiente:

  • Enseñanza centrada en el alumno que fomenta el desarrollo integrado de la competencia lingüístico-comunicativa.
  • Programaciones con objetivos claros y estrategias y actividades adecuadas a los conocimientos de los estudiantes.
  • Aprendizaje significativo y funcional con predominio de actividades comunicativas y tareas cooperativas.
  • Actividades que promuevan la interacción en el aula y empleo de recursos y materiales variados y motivadores.

Para terminar, tenemos que hablar de papel de profesor, quien debe prestar atención al proceso de aprendizaje de sus estudiantes, respetar sus diferentes estilos y ritmos de aprendizaje, en definitiva, debe ser un facilitador que, además de conocer la materia, debe ayudar a su clase a activar y desarrollar todos los mecanismos que facilitan el aprendizaje.

BIBLIOGRAFÍA

  • ­ Consejo de Europa, Marco común europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza, evaluación, Madrid, MEC y Anaya, 2002
  • Gómez Sacristán, M. L. y Benítez Pérez, P. Pautas para la enseñanza de ELE a adolescentes, https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/publicaciones_centros
  • Miras Páez E. y M. Sancho Pascual (2017): La enseñanza de ELE a niños, adolescentes e inmigrantes. Manual del profesor de ELE, pp. 865-912 en Colomo Nieto, P. La enseñanza de ELE a niños y adolescentes a través de los textos literarios. Universidad de Alcalá, 2022
  • Pisonero, I. La enseñanza del español a niños y niñas, en: J. Sánchez Lobato e I. Santos Gargallo, Vademécum para la formación de profesores, Madrid, SGEL, 2004

About author

Pilar Justo Muñoz, Licenciada en Filología Semítica por la Universidad Complutense de Madrid. Desde 1994 hasta 2006 se ha dedicado a la enseñanza del español en diferentes instituciones (Instituto Cervantes de El Cairo, Universidad de Clark (EE.UU.) y Tandem Escuela Internacional) labor que ha compaginado con la formación de profesores en diferentes campos de ELE. Desde 2006 se dedica a la edición de manuales y materiales de español en Edelsa. Es a la vez autora y coautora de diferentes materiales didácticos para la enseñanza de ELE entre los que destacan: Preparación al DELE Escolar (A1 y A2/B1).
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